OZONOTERAPIA VS ENFERMEDAD CARDIOVASCULAR

 

 

La aterosclerosis coronaria y sus complicaciones trombóticas constituyen la primera causa de morbi-mortalidad en los países industrializados. La aterosclerosis es un proceso complejo caracterizado por el depósito de lipoproteínas plasmáticas y la proliferación celular en la pared arterial. Se trata de un proceso inflamatorio crónico que progresa a través de una serie de etapas que van desde la formación de la estría grasa hasta la placa de ateroma complicada, cuya rotura favorecerá la formación de un trombo responsable de síndromes clínicos coronarios, como angina inestable e infarto agudo de miocardio (IAM)1,2.

Evidencias clínicas y experimentales acumuladas en las dos últimas décadas avalan la hipótesis de que un estrés oxidativo mantenido, con generación de radicales libres, ejerce un papel fundamental en la patogenia de la aterosclerosis. Concretamente, además de reducir la biodisponibilidad del óxido nítrico (NO), principal agente vasodilatador, conlleva la formación de diversas sustancias biológicamente activas que alteran la integridad del endotelio vascular y aumentan la expresión de moléculas de adhesión, facilitando el contacto con células inflamatorias y favoreciendo la internalización y ulterior oxidación de las lipoproteínas de baja densidad (LDL), altamente aterogénicas3-5. Asimismo, el proceso oxídativo podría precipitar la aparición de síndromes clínicos coronarios al favorecer la proliferación de la íntima, fibrosis, calcificación, rotura de la placa y trombosis6.

Diversas recomendaciones dietéticas y de cambios de estilo de vida han demostrado ser beneficiosos en la reducción de los factores tradicionales de riesgo aterosclerótico. Entre las primeras se ha propuesto el empleo de dietas con alto contenido en agentes antioxidantes, sobre la base de que estas sustancias inhibirían numerosas acciones proaterogénicas y protrombóticas relacionadas con los procesos oxídativos que se producen en la pared vascular en el curso de la aterosclerosis. En este trabajo se describe el papel de la oxidación en la aterogénesis y se revisa el efecto antiaterogénico de los antioxidantes enzimáticos y no enzimáticos, en la prevención de las enfermedades cardiovasculares.

 

Papel de la oxidación en la iniciación y progresión de la aterosclerosis

 

El oxígeno resulta imprescindible para mantener las funciones vitales, ya que la energía necesaria para el metabolismo celular se obtiene con la respiración. Sin embargo, el oxígeno es un elemento muy reactivo, capaz de alterar las macromoléculas biológicas a través de intermediarios derivados de su reducción incompleta: los metabolitos reactivos del oxígeno (reactive oxygen species, ROS o en español ERO), que pueden ser radicales libres (hidroxilo, anión superóxido, etc.) o intermediarios estables (peróxido de hidrógeno, peroxinitritos, etc). En las células las ERO se generan durante la fosforilización oxídativa en la cadena respiratoria mitocondrial, como consecuencia de la actividad de sistemas enzimáticos, como la xantina deshidrogenasa/oxidasa, la NADH/NADPH oxidasa, las lipo-oxigenasas, las ciclo-oxigenasas y las sintetazas del NO. Los componentes principales (C, N, O, S) de las macromoléculas biológicas (hidratos de carbono, lípidos, proteínas y ácidos nucleícos) pueden reaccionar con las ERO para oxidarse y generar más radicales libres o intermediarios estables, que a su vez pueden propagar (y amplificar) alteraciones oxídativas dentro de la célula, como la cascada de peroxidación lipídica en las membranas celulares. En condiciones fisiológicas tanto las células endoteliales (CE) como las células del músculo liso vascular (CMLV) son capaces de producir ERO desde una gran variedad de fuentes enzimáticas7.

Existen numerosas evidencias, tanto epidemiológicas como experimentales, que asocian de forma causal el desequilibrio oxídativo provocado por la producción incontrolada de ERO y otros radicales con la afección cardiovascular, especialmente la aterosclerosis y las situaciones de riesgo como hipercolesterolemia, hipertensión arterial y diabetes mellitus (8,10). La aterosclerosis es una enfermedad multifactorial, compleja y progresiva con características de proceso inflamatorio crónico que se caracteriza por la acumulación de colesterol, la infiltración de células mononucleadas (monocito/macrófagos), la proliferación de CMLV y el depósito de matriz extracelular(1, 2). Aunque los macrófagos apenas pueden captar las LDL nativas, éstas pueden acumularse en el espacio subendotelial de las arterias, donde sufren un proceso de oxídación moderada. Estas LDL mínimamente modificadas (mmLDL) son capaces de inducir la producción local de factores quimiotácticos (MCP-1, MCSF) y la expresión de moléculas de adhesión (ICAM-1, VCAM-1, selectinas, etc.), que facilitan tanto la llegada de monocitos como su diferenciación a macrófagos(11,12). Los macrófagos oxídan las mmLDL completamente e internalizan las LDL oxidadas (oxLDL) a través de scavenger receptors, en un proceso que conlleva la formación de células espumosas (13). La acumulación de células espumosas conduce a la aparición de la estría grasa, que puede evolucionar hacia la lesión aterosclerótica compleja a través de la proliferación de CMLV, la síntesis de matriz y el depósito de más colesterol (fig. 1). Avalan estos hechos in vivo la presencia de oxLDL en placas ateroscleróticas humanas (14), así como la mayor cantidad de anticuerpos anti-oxLDL en la sangre de pacientes con aterosclerosis15.
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Las oxLDL presentan múltiples efectos en la pared vascular que aceleran el proceso hacia la lesión aterotrombótica avanzada: son citotóxicas, facilitan la creación de un estado procoagulante, a través de la inducción de la expresión de factor tisular y del inhibidor del activador del plasminógeno tipo 1 (PAI-1) e inhiben la producción de NO16-21.

Además de oxidar los lípidos, los radicales libres pueden reaccionar con el NO que se produce en el endotelio vascular para generar compuestos que carecen de las actividades biológicas del NO y, de esta forma, evitar que el NO ejerza sus funciones sobre los vasos sanguíneos. Por ejemplo, el anión superóxido que se sintetiza en la pared vascular como consecuencia de la actividad NADH/NADPH deshidrogenasa puede reaccionar con el NO para formar el intermediario estable peroxinitrito; esta reacción, además de reducir la biodisponibilidad del NO, genera un ROS con propiedades citotóxicas.

Dadas las potenciales repercusiones patológicas del estrés oxidativo y la producción de radicales libre, resultaría conveniente poder medir estos parámetros, o la capacidad antioxidante, en los fluidos corporales. La sensibilidad y especificidad que requiere este tipo de determinación han llevado a que actualmente se realicen determinaciones de oxLDL y la concentración de isoprostanos (productos de la peroxidación de ácidos grasos insaturados) en plasma. Estos métodos son más complejos y costosos que los indicadores de peroxidación lipídica utilizados tradicionalmente (TBARS, dienos conjugados).

 

Ozonoterapia en la prevención de la enfermedad cardiovascular. (20)

 

Cuando el ozono se introduce en el organismo, se disuelve rápidamente (diez veces más soluble que el oxígeno) en el agua del plasma, o en los fluidos extracelulares o en la fina capa de agua que cubre la piel o en las mucosas. Reacciona inmediatamente con diferentes biomoléculas generando un conjunto de mensajeros importantes [especies reactivas del oxígeno (ERO) y productos de oxidación lipídica (POL)] para luego desaparecer. En estas reacciones se generan peróxidos orgánicos, peróxido de hidrógeno (H2O2), ozónidos y aldehídos, los cuales en cantidades adecuadas y controladas ejercen diferentes acciones biológicas que le confieren al ozono un conjunto de propiedades terapéuticas. Esta cascada señalizadora OZONO-ERO-POL no es definitiva y aún quedan aspectos en ella por dilucidar, pero está claro que dentro de las terapias complementarias, la ozonoterapia es una de las que mejor explicada está desde el punto de vista bioquímico, fisiológico y farmacológico. Se conoce que un exceso de radicales libres es dañino, sin embargo, el ozono induce un pequeño, controlado y transitorio estrés oxidativo, que lejos de producir daño estimula los sistemas de defensa antioxidante, aspecto este que no debe ser confundido con el estrés continuado y progresivo (estrés crónico) que se mantiene en muchas patologías. Este efecto precondicionante del ozono es capaz de reequilibrar el estado redox alterado en el organismo por algún estímulo patológico. Otros de los efectos biológicos del ozono son: mejora la circulación sanguínea y los procesos de oxigenación, modula el sistema inmunológico, regula el metabolismo, efecto germicida (bactericida, virucida, fungicida y antiparasitario) e interviene en la liberación de autacoides. Es importante recalcar que estas variadas acciones biológicas alcanzan resultados terapéuticos cuando el ozono es aplicado a dosis adecuadas y por una vía no dañina para el organismo. De este modo, no se producen reacciones adversas ni daño genotóxico y el amplio espectro de efectos que genera, hace posible su aplicación en una gran diversidad de especialidades médicas y dentro de estas, en una disímil variedad de procesos patológicos.

 

El ozono en el metabolismo del oxígeno

 

El incremento en la velocidad de la glicólisis en el eritrocito va acompañado de un significativo aumento en el intercambio de iones sodio y potasio, los cuales son los responsables de mantener el potencial eléctrico de membrana, normalizando el intercambio de tales iones. Las enfermedades arteriales oclusivas están relacionadas con la pérdida del potencial normal de la membrana plasmática eritrocitaria. La normalización del intercambio de iones, por el ozono y sus productos, favorece la restauración del potencial normal. Por consiguiente, la regeneración de las condiciones eléctricas normales de la membrana propicia recuperar la flexibilidad y plasticidad de los eritrocitos mejorando de esta forma, las propiedades reológicas de la sangre, lo cual favorece consecuentemente el transporte de oxígeno. La selectiva reactividad del ozono para la formación de POL (productos de la oxidación lipídica) y ERO (especies reactivas del oxigeno) facilita la activación directa del metabolismo eritrocitario. Iles and Liu, han demostrado que los POL, específicamente el 4-hidroxi-2,3-trasnonenal, provoca un incremento intracelular del glutatión reducido (GSH) por inducción de la glutamato cisteína ligasa, acción con la que desempeñan un papel importante en los mecanismos de defensa antioxidante. Mediante la vía de destoxificación (el H2O2 es reducido a agua y los lipoperóxidos a hidroperóxidos, mucho menos reactivos) por el sistema del glutatión tiene lugar una activación de la glicólisis con resultados directos sobre la elevación de la concentración del 2,3-difosfoglicerato (2,3-DPG), el incremento del intercambio iónico a nivel de membrana y la producción final de energía en forma de ATP. El 2,3-DPG tiene ciertas funciones clave, entre ellas, actuar sobre la desaturación del oxígeno de la oxihemoglobina provocando una mayor cesión de este a los tejidos vecinos. El aumento de la oxigenación y los efectos beneficiosos de la ozonoterapia en las enfermedades isquémicas pudiera estar asociado a la microliberación de ATP de los eritrocitos y a la vasodilatación encontrada.

 

 El ozono como agente estabilizador del balance redox celular

 

Aunque la producción de ERO en el organismo es parte del metabolismo biológico normal y es además, un fenómeno necesario para el adecuado funcionamiento de un conjunto de procesos vitales, (como por ejemplo la fagocitosis), el incremento no controlado de estos productos está estrechamente vinculado a la patogenia de una amplia variedad de enfermedades, dentro de las que se encuentran las cardiovasculares. En el organismo están presentes mecanismos de defensa antioxidante capaces de mantener un adecuado balance frente a estos potentes agentes oxidantes. Para contrarrestar los efectos desfavorables que las ERO originan, se encuentran los sistemas antioxidantes enzimáticos y no-enzimáticos. Entre los primeros se encuentran las enzimas superóxido dismutasa (SOD), catalasa (CAT), glutatión peroxidasa (GPx) y glutatión S-transferasa (GST) que constituyen las primeras líneas de protección. Entre los sistemas no-enzimáticos que actúan como secuestradores de varias ERO se tiene el glutatión reducido (GSH), que también funciona como cofactor de varias enzimas antioxidantes, las vitaminas E, C y A, el ácido úrico, la coenzima Q, el ácido lipoico y algunas proteínas plasmáticas. Por lo tanto, la excesiva producción de metabolitos del oxígeno o una inadecuada defensa para contrarrestar su acumulación en el organismo, con la injuria tisular consecuente, favorece o acelera el desarrollo de múltiples procesos patológicos.

Se formula, por primera vez, la hipótesis de un nuevo mecanismo de acción para el ozono terapéutico, partiendo de su carácter oxidante que origina un estrés oxidativo, débil y transitorio (al que se denominó Precondicionamiento Oxidativo) que, en respuesta, “dispara” los sistemas antioxidantes endógenos permitiendo enfrentar estados de enfermedad que presenten como elemento común una pérdida del balance antioxidante/prooxidante, entre éstos: desórdenes vasculares cardíacos, cerebrales, complicaciones diabéticas macroangiopáticas y otras), desórdenes inmunológicos autoinmunidad, tumores, infecciones, inmunodepresión,), del SNC, etc. Las investigaciones desarrolladas en Cuba, tanto en animales como en humanos han permitido demostrar, que la ozonoterapia ejerce un efecto estimulador o activador de los sistemas de defensa antioxidante contra la acción de las ERO. Se han estudiado diferentes modelos animales, que resaltan el efecto perjudicial del exceso de ERO, como el de tetracloruro de carbono (CCl4) administrado intraperitonealmente, los de isquemia-reperfusión, tanto en hígado como en riñón, los de insuficiencia renal aguda y crónica, el de diabetes, el de sepsis, los cuales han demostrado la capacidad del ozono de lograr ¨el balance redox celular¨. También se ha demostrado en humanos, que la ozonoterapia ejerce un efecto estimulador del sistema de defensa de la glutatión peroxidasa eritrocitaria en pacientes con insuficiencia arterial crónica, con cardiopatía isquémica o asmáticos. Por otra parte, se han observado en pacientes con degeneración macular relacionada con la edad, tratados con ozono, un incremento de la superóxido dismutasa manganeso dependiente (Mn-SOD).

 

Formas y vías de administración.

 

Se prefiere la Gran Autohemoterapia (AHTM), con una concentración de O3-O2 de 35 a 40ug/ml, en un volumen de sangre de 100ml siendo 15 sesiones suficientes, con un intervalo de no menos 2 veces por semana y nomas de 3. Esta es la fórmula con la cual se han logrado los mejores resultados.

Origen y características de los principales antioxidantes.

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Fig. 2. El equilibrio redox fisiológico resulta del balance entre los mecanismos de oxidación y los sistemas antioxidantes celulares. Met: metionina.

Las moléculas antioxidantes, como la vitamina E, el ácido ascórbico y los carotenoides, reaccionan con las ERO antes que otras moléculas, e impiden la propagación de la oxidación. Los sistemas enzimáticos antioxidantes, como la superóxido dismutasa (SOD), la catalasa o el sistema glutatión/glutatión reductasa, eliminan, neutralizan o transforman las ERO. Otros mecanismos de defensa antioxidante consisten en la eliminación de los productos oxidados y su sustitución por moléculas nuevas, así como la reparación/corrección de las modificaciones oxídativas introducidas en el ADN (fig. 2).

 

Vitamina E

 

A diferencia de la mayoría de las vitaminas, la vitamina E no es un cofactor enzimático, sino que este nutriente esencial funciona como antioxidante en el organismo humano. El carácter liposoluble de la vitamina E explica su asociación con los lípidos y, particularmente, su presencia en el componente lipídico de las membranas celulares. El tocoferol se absorbe en el sistema linfático a partir del intestino y entra en la sangre como componente de los quilomicrones; la mayor parte de la vitamina E en el plasma sanguíneo se encuentra en las lipoproteínas de baja densidad22. Su principal función consiste en neutralizar los radicales libres, originados por procesos metabólicos o bien por contaminantes (metales pesados, humo), e impedir que reaccionen con los ácidos grasos poliinsaturados, desencadenando una serie de reacciones oxidativas. La oxidación de la vitamina E conduce a la formación del radical tocoferilo, que puede reaccionar con el ácido ascórbico para regenerar el *-tocoferol.

Además de su actividad antioxidante, también se ha asignado a la vitamina E un papel anticancerígeno, así como regulador de la activación plaquetaria y de la expresión de algunos genes, como la proteincinasa C24-26.

Los requerimientos nutricionales de vitamina E varían de forma individual, de acuerdo con la situación de estrés oxidativo del individuo. En humanos, el deficiente aporte dietético en vitamina E normalmente tarda mucho tiempo en manifestarse, y se ha relacionado con enfermedades degenerativas como un síndrome neurológico progresivo27, el cáncer, la aterosclerosis y otras formas de enfermedad cardiovascular. Las principales fuentes de vitamina E son los aceites vegetales, las nueces, las semillas de girasol y los granos de trigo.

 

Ácido ascórbico

 

El ácido ascórbico, o vitamina C, es un nutriente esencial sólo para un número reducido de especies animales, incluida la humana. Los alimentos más ricos en esta vitamina son las frutas, los vegetales y las hortalizas. Esta molécula, además de cofactor enzimático, es un antioxidante potente, capaz de inhibir la peroxidación lipídica y neutralizar el anión superóxido28. Junto con el glutatión, el ácido ascórbico es uno de los principales agentes antioxidantes hidrosolubles intracelulares, así como un indicador del estado redox celular29. Además de su actividad antioxidante, parece que el ácido ascórbico incrementa la biodisponibilidad del NO al aumentar la actividad de la eNOS, posiblemente a través de un efecto sobre el cofactor tetrahidrobiopterina30.

En su papel de cofactor enzimático, es esencial para el funcionamiento de las prolilhidroxilasas del colágeno, de forma que en ausencia de la vitamina C no hay una hidroxilación adecuada del colágeno, que no puede formar una triple hélice estable y se degrada dentro de la célula, lo que se traduce en la fragilidad de los vasos sanguíneos, los tendones y la piel característicos del escorbuto.

 

Carotenoides

 

Los carotenoides son una familia de 500-600 compuestos naturales coloreados que no se consideran nutrientes esenciales, pero son abundantes como pigmentos vegetales. Los principales son el alfacaroteno, betacaroteno, luteína, zeaxantina, criptoxantina y licopeno. A pesar de su similitud estructural, estas moléculas tienen distintas funciones biológicas; algunas son precursores de la vitamina A, como el betacaroteno, y desempeñan una función antioxidante protegiendo a las células del daño de los radicales libres. Los carotenoides protegen la piel del daño que sigue a la exposición a la radiación UV, mientras que la luteína y la zeaxantina son los únicos carotenoides presentes en la región macular de la retina y se han asociado con la funcionalidad de la mácula, responsable de la visión más precisa y detallada.

 

Efectos antiaterogénicos de los antioxidantes.

 

Impedir la oxidación de las LDL es una de las acciones más importantes que ejercen los antioxidantes, aunque no la única, ya que se ha demostrado que estas sustancias son capaces de mejorar la función endotelial vasomotora, poseen efectos antiproliferativos, inhiben la adhesión celular y actúan de diferentes formas sobre el mecanismo hemostático31-34.

 

I- Prevención de la oxidación lipídica.

 

Estudios in vitro han demostrado que concentraciones fisiológicas de vitamina C inhiben la oxidación de las LDL por células vasculares y neutrófilos, al eliminar radicales libres y otras especies reactivas del oxígeno. La vitamina E se considera el principal sistema antioxidante de las LDL y actúa como captador (scavenger) de radicales libres35-37. Sin embargo, se ha observado que en concentraciones muy elevadas esta sustancia puede inducir disfunción endotelial, proliferación celular e incluso presentar propiedades prooxidantes37,38.

También se ha evaluado la dosis mínima de vitamina E necesaria para proteger las LDL de la oxidación, habiéndose demostrado en sujetos sanos que la reducción máxima se obtiene con un suplemento de 400 a 800 U/día39. Finalmente, se ha estudiado el efecto de los antioxidantes sobre la susceptibilidad de las LDL a la oxidación en diversas situaciones clínicas como la diabetes y en sujetos con factores de riesgo cardiovascular. En diabéticos se observó una clara disminución de la susceptibilidad a la oxidación con suplementos de vitamina E de 1.200 U/día40, existiendo un efecto similar en fumadores tras la administración de 1 g/día de vitamina C durante 4 semanas41.

 

II- Mejoría de la disfunción endotelial.

 

Otro importante efecto de los antioxidantes, observado experimentalmente, es la mejoría de la vasomotricidad vascular debida al incremento en la biodisponibilidad del NO, por el aumento de la síntesis de NO y/o por la prolongación de su vida media, previniendo así la disfunción endotelial en la aterosclerosis. En diferentes trastornos como la hipercolesterolemia, la hipertensión arterial o la diabetes mellitus, se ha descrito un incremento en la producción de anión super-óxido, asociado a la disfunción endotelial. En estas condiciones también se ha observado una reducción en la biodisponibilidad de L-arginina (precursor del NO) y/o la te-trahidrobiopterina (cofactor de la NOS). El efecto beneficioso de los antioxidantes, además de evitar el «secuestro» del NO por el anión superóxido, podría consistir en la preservación de los valores de tetrahidrobiopterina, para aumentar así la actividad NOS, o el incremento de la expresión génica de la propia NOS 42,43.

De forma experimental, las vitaminas C y E mejoraron la vasodilatación de la arteria braquial (prueba utilizada para medir la disfunción endotelial) de pacientes con hipercolesterolemia, diabetes mellitus tipo 2, angina de pecho y en sujetos con otros factores de riesgo cardiovascular como tabaquismo 44-45. El mecanismo exacto de este efecto no se conoce con precisión, ya que la administración de superóxido dismutasa, potente enzima destoxificadora de radicales libres, no mejoró la disfunción endotelial en pacientes hipertensos o hipercolesterolémicos, lo que sugiere que la presencia de dichos radicales no sería la única responsable de la degradación del NO en estas situaciones48.

Algunos de los efectos de los antioxidantes sobre la función vascular parecen estar en relación con su presencia en la pared arterial más que en un efecto sistémico. Por ejemplo, el tratamiento con probucol en un modelo de aterosclerosis en conejos produjo una acumulación vascular de este antioxidante, que previno el incremento de la generación de súper-óxido y mejoró la vasodilatación dependiente del NO. De la misma forma, se ha demostrado que la incorporación de vitamina E a la pared vascular previene la alteración de la vasodilatación dependiente del NO inducida por LDL oxidadas 49,50.

 

III- Inhibición de la adhesión y proliferación celular

 

Se ha demostrado que suplementos de vitamina C en fumadores, en los que existe un aumento de la adhesión celular, reducen significativamente la adhesión de monocitos a células endoteliales. Otros estudios in vivo han demostrado un papel importante de esta vitamina en la inhibición de la adhesión de células endoteliales inducida por LDL oxidadas. Asimismo, en estudios realizados en estas células en presencia de vitamina E, se demostró una inhibición en la expresión de moléculas proinflamatorias (ICAM, VCAM, selectina E) inducida por citocinas, así como una reducción de la adhesión monocitaria. Finalmente, estudios ex vivo en humanos han demostrado asimismo que el *-tocoferol disminuye la adhesión de monocitos a células endoteliales, lo que correlaciona con una reducción de la generación de ERO 51,52.

Por otra parte, la inhibición por vitamina E de la señal intracelular mediada por la proteincinasa C previene la proliferación de células musculares lisas, que es un componente importante en el proceso de reestenosis tras intervención coronaria. En un estudio clínico se constató que el efecto antiproliferativo de los antioxidantes se obtenía al iniciar el tratamiento 30 días antes de la angioplastia, para asegurar una concentración tisular adecuada del agente53.

 

IV- Efectos sobre la hemostasia

 

Existen evidencias de que la vitamina E inhibe la función plaquetaria y aumenta la producción de prostaciclina, potente agente vasodilatador y antiagregante. La administración de 400-1.200 U de vitamina E a sujetos sanos durante 2 semanas se asoció con una clara reducción de la sensibilidad plaquetaría a la acción de diversos agonistas, hecho relacionado con la inhibición de la proteincinasa C54,55. Si bien son poco conocidos los posibles efectos de estas sustancias sobre otros parámetros hemostáticos, nuestro grupo ha demostrado recientemente que una combinación de vitaminas C y E redujo de forma significativa la expresión vascular de PAI-156, inhibidor de la fibrinólisis que también interviene en los procesos de remodelado vascular, en un modelo de angioplastia en cerdos hipercolesterolémicos, lo que sugiere que estas sustancias pueden ejercer una función vasoprotectora regulando diversas proteínas que intervienen en los procesos de fibrinólisis y reparación vascular, favoreciendo así la estabilización de la placa de ateroma.

Conclusiones

1- Los procesos oxídativos están implicados en el desarrollo y en la expresión clínica de las enfermedades cardiovasculares. Evidencias experimentales y epidemiológicas indican que las dietas con elevado contenido antioxidante se asocian con un menor riesgo o progresión de enfermedad coronaria. La mayor incidencia de enfermedad aterosclerótica asociada con dietas pobres en vitaminas antioxidantes resalta la importancia de generalizar los regímenes con alto contenido en dichos compuestos 82,83.

2- La aplicación de ozono en una concentración y vía adecuada produce un breve y transitorio estrés oxídativo necesario para estimular los sistemas antioxidantes enzimáticos, y de esta forma neutralizar los radicales libres, permitiendo enfrentar estados de enfermedad que presenten como elemento común una pérdida del balance antioxidante/prooxidante.

3- Por consiguiente, si bien la utilidad de los antioxidantes en la prevención de las enfermedades cardiovasculares precisa confirmación y diversos estudios sugieren que estas sustancias son seguras y eficaces, parece prudente en el momento actual seguir las recomendaciones de la Asociación Americana del Corazón, que recomienda para la población general el consumo de una dieta equilibrada, rica en frutas y vegetales como fuente de antioxidantes 84.

4) Las evidencias disponibles indican que la vitamina E y otros antioxidantes pueden desempeñar un papel importante en la prevención de las enfermedades cardiovasculares, principal causa de mortalidad en nuestro medio, aunque es preciso definir las poblaciones y/o sujetos en los que sería posible obtener un beneficio real con este tratamiento. La posibilidad de identificar estos sujetos abre nuevas expectativas en la prevención y tratamiento de los procesos vasculares de naturaleza aterosclerótica sobre una base individual.

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