Estrés oxidativo: qué es, síntomas, causas y cómo recuperar el equilibrio
Por el Dr. Omar González Salgado · Especialista en Ortopedia y Traumatología (Universidad de La Habana, Cuba)
El estrés oxidativo aparece cuando la producción de radicales libres supera la capacidad de nuestros sistemas antioxidantes (superóxido dismutasa, catalasa, glutatión) para neutralizarlos. Ese desequilibrio daña lípidos, proteínas y ADN y está implicado en el envejecimiento, la inflamación crónica y numerosas enfermedades. En esta guía explicamos qué es el estrés oxidativo, cómo se manifiesta, qué lo provoca y qué medidas con respaldo ayudan a reducirlo.
¿Qué es el estrés oxidativo? Radicales libres y antioxidantes

Los radicales libres —conocidos también como especies reactivas de oxígeno (ERO o ROS)— son moléculas con un electrón desapareado que se forman de manera normal al respirar y producir energía. En cantidades controladas cumplen funciones útiles, como la señalización entre células o la defensa frente a microbios. El problema surge cuando se acumulan y el organismo no dispone de suficientes antioxidantes para equilibrarlos: los propios (superóxido dismutasa, catalasa, glutatión) y los que aporta la dieta (vitaminas C y E, polifenoles).
Es un proceso parecido al que oxida una manzana pelada expuesta al aire o un objeto de hierro a la intemperie: la oxidación va «desgastando» los tejidos. Mantener el equilibrio entre oxidantes y antioxidantes es, por tanto, clave para la salud celular y para frenar el envejecimiento prematuro. No se trata de eliminar por completo los radicales libres —son necesarios para vivir—, sino de que nuestras defensas antioxidantes basten para mantenerlos a raya; cuando esa balanza se inclina de forma sostenida hacia la oxidación es cuando hablamos de estrés oxidativo.
Síntomas del estrés oxidativo: cómo se manifiesta
El estrés oxidativo no tiene síntomas específicos y no se «siente» de forma directa. Se asocia a fatiga persistente, envejecimiento cutáneo acelerado, peor recuperación tras el esfuerzo, dolores musculares y mayor susceptibilidad a las infecciones, pero todos esos signos pueden deberse a muchas otras causas. Por eso no se diagnostica por los síntomas: son una señal de que conviene revisar los hábitos y descartar problemas de fondo, no una prueba de que exista.
Causas del estrés oxidativo en el cuerpo humano

Aumentan la producción de radicales libres o reducen las defensas antioxidantes el tabaco y el alcohol, la contaminación, la radiación ultravioleta, una dieta ultraprocesada y pobre en vegetales, el sedentarismo —pero también el ejercicio extenuante sin una recuperación adecuada—, las infecciones, la inflamación crónica y el estrés psicológico sostenido. Con la edad, además, la capacidad antioxidante propia del organismo disminuye, por lo que el equilibrio se vuelve más frágil.
La mayoría de estos factores son modificables, y rara vez actúa uno solo: lo habitual es que se sumen varios a la vez —quien fuma, duerme poco, come ultraprocesados y no se mueve acumula varias fuentes de oxidación al mismo tiempo—. Por eso, reducir aunque sean una o dos de esas fuentes (dejar el tabaco, mejorar la alimentación, moverse con regularidad) alivia de forma apreciable la carga oxidativa total. Los factores que no se pueden cambiar, como la edad o la predisposición genética, no impiden actuar: se compensan cuidando todo lo demás.
Estrés oxidativo y enfermedades: qué dice la evidencia

El desequilibrio oxidativo mantenido daña las membranas celulares (peroxidación lipídica), las proteínas y el ADN, y participa como mecanismo —no como causa única— en procesos cardiovasculares (oxidación del colesterol LDL y daño del endotelio), neurodegenerativos y en el dolor crónico y la inflamación. Conviene un matiz importante: el estrés oxidativo acompaña a muchas enfermedades, pero corregirlo de forma aislada no las cura. Un ejemplo concreto lo tienes en el colesterol oxidado y su efecto sobre las arterias.
Por eso el daño oxidativo aparece implicado en cuadros muy distintos entre sí: en el aparato cardiovascular contribuye a la formación de placas en las arterias; en el sistema nervioso se asocia a procesos neurodegenerativos; y en músculos y articulaciones, al dolor crónico y a la inflamación que trato a diario en la consulta. La idea a retener es que el estrés oxidativo casi nunca actúa solo: se combina con la inflamación, la edad y los hábitos de cada persona, y de ahí que su abordaje deba ser siempre individualizado y no a base de «antioxidantes» genéricos.
Cómo medir el estrés oxidativo (ERO/ROS y marcadores)
No existe una única prueba de rutina para «medir el estrés oxidativo». En investigación y en algunos laboratorios se utilizan marcadores indirectos de daño oxidativo —por ejemplo el malondialdehído o el 8-OHdG— y de capacidad antioxidante total. En la práctica clínica, más que perseguir una cifra aislada, lo útil es valorar el contexto de cada persona: hábitos, presencia de inflamación, analíticas y la enfermedad de base. Interpretar estos marcadores sin ese contexto lleva con facilidad a conclusiones erróneas.
Cómo reducir el estrés oxidativo: hábitos, dieta y antioxidantes
Lo que más impacto tiene son los hábitos: dejar de fumar, moderar el alcohol, dormir bien, hacer ejercicio moderado y regular (no extenuante) y seguir una dieta rica en frutas, verduras, legumbres y grasas saludables, que aporta antioxidantes de forma natural y en las proporciones adecuadas. Los suplementos antioxidantes (vitamina C, vitamina E, glutatión, etc.) solo tienen sentido cuando existe un déficit o una indicación concreta: tomarlos «por si acaso» y en dosis altas no aporta beneficio e incluso puede ser contraproducente. Cuando hay una inflamación de base, tratarla también reduce la carga oxidativa.
¿Qué papel tiene la ozonoterapia en el estrés oxidativo? Precondicionamiento oxidativo
Puede parecer paradójico que el ozono —que es un oxidante— se utilice frente al estrés oxidativo. La clave está en la dosis. A dosis médicas bajas y controladas, la ozonoterapia produce un estímulo oxidativo breve y controlado que funciona como un «entrenamiento» de las defensas del organismo —lo que se conoce como precondicionamiento oxidativo—, induciendo enzimas antioxidantes como la superóxido dismutasa o el glutatión. A dosis altas o mal aplicada haría justo lo contrario, y de ahí que solo deba indicarla y aplicarla un médico. Puedes profundizar en los efectos biológicos del ozono.
Este efecto se explica por un principio biológico llamado hormesis: la exposición a una dosis baja y controlada de un factor que en dosis altas sería dañino desencadena una respuesta adaptativa que deja al organismo más protegido. La ozonoterapia es un ejemplo de hormesis aplicada al estrés oxidativo: ese estímulo oxidativo leve activa el factor de transcripción Nrf2, que a su vez «enciende» la producción de las propias enzimas antioxidantes del cuerpo —superóxido dismutasa, catalasa, glutatión peroxidasa y hemo-oxigenasa-1—. Es un mecanismo parecido al del ejercicio físico moderado, que también somete al cuerpo a un estrés controlado del que sale más resistente. La clave, de nuevo, está en la dosis: un estímulo leve activa esta vía protectora (Nrf2), mientras que un estrés oxidativo intenso activaría rutas inflamatorias (NFκB); por eso la ozonoterapia debe dosificarla y aplicarla siempre un médico.
¿Fatiga persistente, dolor crónico o inflamación?
El estrés oxidativo no se diagnostica por los síntomas ni se «cura» con un antioxidante milagro. Lo razonable es valorar la causa con un médico. En IVO3T lo hacemos por videoconsulta, con tus analíticas delante.
Reservar videoconsultaPreguntas frecuentes sobre el estrés oxidativo
¿Cuáles son los síntomas del estrés oxidativo?
No hay síntomas específicos: fatiga, envejecimiento cutáneo acelerado, dolores musculares y mayor susceptibilidad a infecciones se asocian, pero requieren descartar otras causas.
¿Qué causa el estrés oxidativo?
Tabaco, alcohol, contaminación, radiación UV, dieta ultraprocesada, sedentarismo o ejercicio extenuante sin recuperación, infecciones, inflamación crónica y estrés psicológico sostenido.
¿Cómo se reduce el estrés oxidativo?
Dejar de fumar, dormir bien, ejercicio moderado regular, dieta rica en frutas, verduras y grasas saludables, y tratar la inflamación de base. Los suplementos antioxidantes solo tienen sentido si hay déficit o indicación.
¿La ozonoterapia aumenta o reduce el estrés oxidativo?
A dosis médicas controladas produce un estímulo oxidativo breve («precondicionamiento») que induce las defensas antioxidantes del organismo; a dosis altas sería perjudicial. Por eso solo debe aplicarla un médico.
Dr. Omar González Salgado
Especialista en Ortopedia y Traumatología (Universidad de La Habana, Cuba). Experto universitario en ozonoterapia, dolor y ecografía musculoesquelética (MSK). Colegiado nº 46/4622732.
Director del Instituto Valenciano de Ozonoterapia (IVO3T), Valencia. Contenido revisado por su equipo médico.
Referencias
- Revisión sobre estrés oxidativo, radicales libres y dolor. Revista de la Sociedad Española del Dolor (SciELO). Consultar
- Radicales libres y antioxidantes: fundamentos químicos y biológicos. Educación Química (SciELO). Consultar
- Sagai M, Bocci V. Mechanisms of action involved in ozone therapy: is healing induced through a mild oxidative stress? Medical Gas Research, 2011 (hormesis y vía Nrf2). Consultar
⚠️ Advertencia importante
El contenido de esta página tiene un propósito exclusivamente informativo y divulgativo. No sustituye la valoración individual, el diagnóstico ni el tratamiento indicado por un profesional de la salud. Los complementos alimenticios no deben utilizarse como sustitutos de una dieta variada y equilibrada. Si presentas síntomas, dudas clínicas o sigues algún tratamiento, consulta siempre con un especialista antes de aplicar cualquier recomendación.
